viernes, 28 de octubre de 2011

"perpetrar", solo faltas o delitos

La Fundación del Español Urgente advierte del uso incorrecto que a veces se hace del verbo perpetrar, cuando lo perpetrado no son faltas o delitos.

El verbo perpetrar está bien empleado para hablar de la comisión de un delito o falta grave: «Habían planeado perpetrar un atentado en Madrid», pero no es apropiado en expresiones del tipo «Fallecieron a causa de la explosión perpetrada por una suicida en un mercado popular», puesto que la palabra «explosión» no es el nombre de ningún delito. No se perpetran explosiones, del mismo modo que no se perpetran tiros (aunque se pueden perpetrar asesinatos disparando tiros) ni se perpetra un café envenenado (aunque puede perpetrarse un envenenamiento mediante un café con ponzoña).

En el ejemplo anterior, pues, habría sido preferible decir «Fallecieron por la explosión causada por un suicida en un mercado popular» o «Fallecieron a causa de un atentado con explosivos perpetrado por un suicida...».

"pendiente de", no "pendiente a"

El adjetivo pendiente, cuando significa ‘atento, preocupado’, se construye con la preposición de y no con a, tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas.

Sin embargo, en ocasiones se emplea inapropiadamente el adjetivo pendiente con la preposición a: «Estará también pendiente a los resultados de la próximas cumbres europeas»; «Dos profesionales estaban pendientes a concluir la carrera...»; «Blanco indicó que hay que estar pendiente a lo que determine la Justicia».

En los anteriores ejemplos lo correcto hubiera sido: «Estará también pendiente de los resultados de las próximas cumbres europeas»; «Dos profesionales estaban pendientes de concluir la carrera... »; «Blanco indicó que hay que estar pendiente de lo que determine la Justicia».

Origen de la palabra "forajido"

Delincuente que abandona sus lugares habituales para no ser alcanzado por la justicia.

Las ciudades medievales constituyeron un recurso de defensa para la gente que quería verse libre de invasores extranjeros, malhechores o saqueadores. Se formaron alrededor de los castillos, como una manera de contar con la protección de los señores, y también en los cruces de caminos por donde circulaban mercancías que se convertían en pretexto para ferias.

Desde la Alta Edad Media y, en algunos casos, hasta la primera mitad del siglo XIX, las ciudades tenían límites perfectamente definidos: en general, estaban amuralladas, de tal forma que no se permitía entrar en ellas sin la aquiescencia de los guardias que la protegían. Ese límite se llamaba ejido, y sus restos aún subsisten en algunas ciudades modernas. Ejido proviene de exire 'salir', verbo formado del antiguo vocablo latino exitus 'salida', que también encontramos en el inglés exit, con el mismo significado.

Los fugitivos de la justicia solían escapar hacia donde la jurisdicción de las autoridades urbanas no pudiera alcanzarlos y se iban a vivir fuera del ejido: eran los fora exido o foraxidos.

Veamos este texto de 1618 de García de Silva y Figueroa:
Auiendo hecho esta rrelacion al Enbaxador un soldado portugues llamado Francisco Carnero de Alcaçova, que por auer andado muchos años foraxido en la tierra firme se auia hecho en estos bosques diestrisimo arcabuzero y muerto muchas de estas fieras [...].

Una palabra equivalente se formó en italiano con el verbo uscire 'salir', que es la forma italiana de exire: fuoriuscito, pero hoy esa palabra ya no es equivalente de nuestro forajido, pues ha evolucionado hacia su significado actual de 'exiliado', 'desterrado'.

Origen de la palabra "gurú"

En el hinduismo, gurú es un maestro o guía espiritual. La palabra proviene del sánscrito gurús 'grave', 'solemne', 'pesado', por oposición a laghú 'liviano', 'ligero'.

En el marco del hinduismo, gurú significa maestro espiritual. Este vocablo es empleado por los adeptos por lo menos desde el siglo II d. de C., con el mismo significado con que lo utilizamos hoy.

En Occidente, el sentido de esta palabra se ha extendido en la segunda mitad del siglo XX para denominar a un especialista en una materia específica o a todo aquel que tiene sus seguidores.

Es falsa la etimología según la cual gurú estaría formado por las palabras sánscritas gu 'oscuridad' y ru 'luz'.

Origen de la palabra "bolero"

No se conoce con certeza la procedencia del nombre de este baile andaluz originado en el siglo XVIII, modernizado en Cuba y convertido en ritmo latinoamericano en la primera mitad del siglo XX.

Se sabe que, en cierta época, se llamó bolero al sombrero del bailador andaluz, y hoy figura con la acepción, entre otras, de 'sombrero de copa', lo que podría haber llevado a dar el mismo nombre a esta danza. Pero también se aplica desde muy antiguo al 'que dice muchas mentiras', con base en la germanía bola 'mentira'. Por otra parte, en el Diccionario castellano, de Terreros, se registra bolero con el sentido de «niño que falta a la escuela sin que su familia lo sepa: 'muchacho novillero, que hace bolas ó novillos' .

Todas estas acepciones llevaron a Corominas a formular la hipótesis, no suficientemente comprobada, de que bolero podría haber nacido asociada a la idea de 'vago, hombre sin profesión'. Sin embargo, el mismo autor también presentó la posibilidad de que la palabra se hubiera derivado de 'vuelo', como había ocurrido antes con boladillo (un paso de danza descrito por Cervantes). Esta hipótesis aparece reforzada por Estébanez Calderón (1926) —también citado por Corominas—, quien afirmó que el bolero se llamó así "por ser todo en saltos y como en vuelo".

Origen de la palabra "prosopopeya"

Esta palabra fue tomada del griego prosopopoiía, compuesto por prósopon 'persona', 'aspecto de una persona', 'personaje' y poieín 'hacer'. Los griegos llamaron así a las máscaras que se usaban en el teatro para componer los distintos personajes, que los latinos llamarían más tarde persona.

La prosopopeya es una figura retórica que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las que son propias del hombre. En la narrativa, puede ser la personificación de esas cosas.

El Diccionario de la Academia recoge también una segunda acepción, de uso coloquial, como "afectación de gravedad y pompa", como ocurre en este texto del cronista español del siglo XIX Ramón de Mesonero Romanos:
Pero todo esto con cierta solemnidad y prosopopeya, entonando al compás del oscilatorio pebetero cánticos de hosanna, estrambotes y aun estrambóticos de... «Ecce homo«.

Origen de la palabra "ruiseñor"

La avecilla canora que llamamos ruiseñor es una de las 304 clases de tordos que se han clasificado en el mundo. Era conocida por los latinos como luscinius, cuyo diminutivo era luscíniulus. 

Fue a partir de este diminutivo que se formó en la antigua lengua provenzal (occitana o lengua de Oc, hablada en el sur de Francia) el nombre rossignol, para llegar al cual la 'l' fue cambiada por 'r'. Al pasar al castellano, la palabra provenzal fue alterada por el pueblo, que interpretó rossinhol como si fuera 'Ruy señor' (señor Rodrigo). En portugués, la palabra se convirtió en rouxinol.