jueves, 6 de diciembre de 2012

Seis claves para usar las siglas y las abreviaturas

Las siglas y las abreviaturas tienen características distintas; conocerlas permite escribir las siglas y las abreviaturas apropiadamente.
Siglas
  1. Se forman por lo general con las iniciales de la expresión que abrevian, normalmente las iniciales de los sustantivos y los adjetivos (Organización de las Naciones Unidas: ONU), pero a veces también las de otras palabras (organización no gubernamental: ONG).
  2. No llevan punto abreviativo: ONU, no O. N. U.
  3. Las Academias de la Lengua desaconsejan el uso de una ese minúscula para formar el plural en la forma escrita (las ONG mejor que las ONGs), aunque en la lengua oral es normal y correcto que se pronuncie la ese («oenegés»).
Abreviaturas
  1. Se forman con parte de la palabra o la expresión que abrevian; una palabra puede tener más de una abreviatura: para página, por ejemplo, se usan p. y pág.
  2. Llevan punto abreviativo (a. C.; pl., admón.) o, más raramente, barra (c/ Bailén); en las abreviaturas con más de un elemento, tras el punto abreviativo se deja un espacio (se escribe EE. UU. y no EE.UU.); si la abreviatura lleva una parte volada, el punto se coloca antes de esta (n.º, no nº. ni ).
  3. Cuando tienen más de una letra, generalmente se pluralizan añadiendo una ese (pág. – págs.); si constan de una sola letra, esta se suele duplicar (p. – pp.)

"Paradoja"

La definición que el DRAE nos de la palabra paradoja es, cuando menos, bastante curiosa. Bajo el nombre paradoja remite al masculino de ese mismo vocablo: “paradojo”. Y bajo este, en primer  lugar dice que es un adjetivo, auque desusado, equivalente a lo que  hoy se entiende generalmente por paradójico. En una segunda acepción lo define como “Idea extraña u opuesta a la común opinión  y al sentir de las personas” Y continúa: “|| 3. Aserción inverosímil o  absurda, que se presenta con apariencias de verdadera. || 4. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o  frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre”.

Otros diccionarios más actualizados hacen de paradoja una  definición más realista. El Diccionario CLAVE, por ejemplo, dice: “1. Hecho extraño, absurdo u opuesto a la opinión o al sentir generales:  Es una paradoja que el más avaro de tus amigos te haya hecho el  regalo más caro. 2. Figura retórica consistente en unir ideas aparentemente contradictorias e irreconciliables: La frase de Santa  Teresa ‘Que muero porque no muero’ contiene  una paradoja (…)”. En el Diccionario del español actual, de Manuel Seco, Olimpia  Andrés y Gabino Ramos, leemos: “Hecho o dicho aparentemente  contrarios a la lógica. (…) b) Figura retórica que consiste en una  expresión que encierra una aparente contradicción (…)”. Y el Diccionario de uso del español de América y España VOX registra: “1. Dicho o hecho que parece contrario a la lógica: perseguir la paz  con la violencia es una extraña paradoja; la paradoja es que los denunciados son más honestos, legales y admirables que el  pretendido mundo exterior, oficial y legalizado. 2. Figura de pensamiento que cosiste en emplear expresiones que aparentemente envuelven una contradicción: “nacer para vivir muriendo” es una paradoja (…)”.  

Lo cierto es que el uso común del vocablo paradoja, para referirse a un hecho que es por definición contradictorio, como los que abundan en la actividad cotidiana, sobre todo en el mundo de la política, no es sino la popularización, fuera del ámbito de la Retórica, y en general de la literatura, de lo que los diccionarios definen como una figura retórica, casi idéntica a lo que también se conoce como oxímoron.

En Venezuela tenemos una expresión popular que define muy bien lo  que es la paradoja. Cuando queremos referirnos a alguien que acusa a otros de sus propios defectos, exclamamos: “¡Cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo!”.

Paradoja viene del vocablo latino paradoxus, y este del griego paradoxos.

Origen de la palabra "solidaridad"

Solidaridad nos viene del francés solidarité, pasando por el latín solidus, voz técnica de la geometría que se refería, como hoy, a los cuerpos de tres dimensiones. La palabra tiene derivados como el verbo solidare, 'hacer sólida una cosa', 'consolidar'. En el francés judicial del siglo XV, solidaire 'solidario'refería a una situación en la que cada uno respondiera por todos. 

En el siglo XVIII, Diderot usó la palabra por primera vez con su acepción actual de 'adherido a una causa'. 'Solidario' se aplica también a objetos cuyo movimiento depende recíprocamente de otro, como las piezas de un engranaje. El latín solidus dio lugar a otras palabras de nuestra lengua, como 'sueldo' y 'soldado'. Provenía de la raíz indoeuropea sol-, que también está en el origen de 'salud', y 'salvar'. Pero esas son otras historias...

Detrás de mí, encima de mí, al lado mío

En la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente con adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío, encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de él, etc.

El origen de este error está en equiparar el complemento preposicional introducido por la preposición de (detrás de María) con los complementos de posesión, de estructura formalmente idéntica (la casa de María). Sin embargo, se trata de construcciones diferentes: en la primera (detrás de María), el núcleo del que depende el complemento preposicional es un adverbio (detrás), mientras que en la segunda (la casa de María) es un sustantivo (casa). Puesto que los adjetivos posesivos son modificadores del sustantivo, solo si el complemento encabezado por de depende de un sustantivo puede sustituirse sin problemas por un posesivo:

la casa de María = su casa o la casa suya.
Sin embargo, los adverbios no son susceptibles de ser modificados por un posesivo, de forma que no admiten la transformación descrita:

detrás de María no equivale a *su detrás, por lo que no es admisible decir detrás suya ni detrás suyo.

En consecuencia, para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo, será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio). 

Para no equivocarse, resulta útil saber que si se puede usar el posesivo átono antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto será también válida: 

Estoy al lado de María > Estoy a su lado > Estoy al lado suyo (CORRECTO)
 
  Giraban alrededor de ti > Giraban a tu alrededor > Giraban alrededor tuyo (CORRECTO)
  pero

  Estoy detrás de María > *Estoy en su detrás > Estoy detrás suyo/suya (INCORRECTO).
 
  Vive cerca de ti > *Vive en tu cerca > Vive cerca tuyo/tuya (INCORRECTO).

  Por último, es importante señalar que el posesivo pospuesto debe concordar en género con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo (y no al lado suya), puesto que el sustantivo lado es masculino.

Origen de la palabra "ladrón"

Los mercenarios que formaban parte de la escolta de los emperadores de Roma se llamaban latro, latronis, y el verbo latrocinare significaba "servir en el ejército".

Con la descomposición del Imperio romano, la paga de los latronis empezó a demorarse hasta que terminó por no llegar más, con lo que, por tratarse de asalariados que tenían el derecho de portar armas, se convirtieron en ladrones y salteadores, dando lugar al significado actual de ladrón y latrocinio.

"Lambucio"

Hoy un poco olvidado. Pero sí está en el DRAE, 22ª edición (2001), si bien su definición es muy deficiente. Dice, en efecto, marcado como venezolanismo: “Dicho de una persona: Que acostumbra comer entre comidas. || 2. Tacaño o avaro en las  cosas pequeñas o en pequeña cantidad”. Aparte de lo impreciso de la 2ª acepción, toda la definición es muy pobre, y no refleja la gran riqueza semántica con que este adjetivo es usado en nuestro país.

Mucho más preciso es el Diccionario de venezolanismos (Tejera et al): “1. Se dice de quien acostumbra comer entre comidas, registrando en busca de sobras de la comida anterior. Goloso. 2. Tacaño o avaro en las cosas pequeñas o en las  pequeñas cantidades. 3. Pobre, maltrecho. 4. fig. Canalla, pobre de espíritu. 5. fig. Zul. Entrometido. 6. fig. Zul. Se aplica a la persona que pretende sacar provecho material,  aunque sea escaso, de todas las situaciones. Logrero”.

Aún más completo es el Diccionario del habla actual de Venezuela (F. J. Pérez y R. Núñez): 1. Persona de escasos recursos económicos y generalmente de poca cultura. 2. Persona que actúa servilmente o halaga a alguien con el fin de  conseguir algún beneficio. 3. Persona o cosa que no se considera importante. 4. Persona que continua e insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente  materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca. 5. Persona o animal que come o lame los  restos de alimentos dejados por otros. 6. Persona que come  con avidez. 7. Andes. Persona que come excesivamente”. Todas estas acepciones llevan la marca de coloquial y despectivo, y, en general, puede decirse   que en Venezuela el “lambucio” es un ser despreciable.

 A juzgar por estas definiciones, es inexplicable que “lambucio” se use poco, puesto que hoy como nunca abundan los hombres y mujeres a los que caben exactamente todos estos calificativos. Es, pues, otra de las viejas palabras que debemos reivindicar y desempolvar.

 “Lambucio” viene de “lamber”, que es una forma popular e inculta de pronunciar el verbo “lamer”, definido como “Pasar la lengua por la superficie de algo” (DRAE).

"Secuestradores" no son "captores"

Una de las características de la redacción periodística es la búsqueda de sinónimos para evitar la repetición de una misma palabra varias veces seguidas en una noticia, y esa búsqueda propicia que algunas veces se caiga en el error de usar como sinónimas palabras que no lo son.

La Fundéu BBVA ha detectado que en algunos medios de comunicación, al informar sobre la situación de los tres miembros de una ONG española secuestrados en el Sáhara, se utiliza la palabra captores como sustituta de secuestradores o raptores, y si bien estas dos últimas sí tienen el mismo significado, eso no ocurre con captores.

Los verbos secuestrar y raptar significan lo mismo en español: 'retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines'. Mientras que capturar es 'aprehender, apoderarse de cualquier persona, animal o cosa que ofrezca resistencia'.

Vistas esas definiciones, la Fundéu BBVA explica que serán la policía o el ejército los que capturen a los secuestradores, pero estos últimos no capturaron, sino que secuestraron o raptaron a los cooperantes españoles.