lunes, 2 de abril de 2012

"Provocar", uso y abuso

Se considera oportuno aconsejar que no se abuse del verbo provocar en detrimento de otros como causar, ocasionar, producir, originar, acarrear, motivar...

El verbo provocar es tan frecuente que ha desplazado casi por completo a otras formas de significado similar. Así, en ejemplos como «... la gravedad de los hechos provocará la expulsión del equipo... », «El segundo día más lluvioso del año provoca inundaciones y cortes...» o «La crisis provoca un menor gasto industrial», se podría haber optado por otras soluciones como: «... la gravedad de los hechos motivará la expulsión del equipo...», «El segundo día más lluvioso del año causa inundaciones y cortes...» o «La crisis ocasiona un menor gasto industrial».

Asimismo, la Fundéu precisa que, aunque debido al uso ya se consideran sinónimos, en un registro culto provocar y causar poseen matices diferentes: provocar, en su acepción más cercana a causar o producir, significa 'hacer que una cosa produzca otra como reacción o respuesta a ella'. Así, la frase «Dani provoca la sonrisa de Marta» sería correcta; no sucede lo mismo con esta otra frase: «Tenía heridas provocadas por los vidrios destrozados», donde lo adecuado hubiera sido utilizar el verbo «causar» (los vidrios no reaccionan causando heridas; son solo su causa).

Además, en Colombia, Venezuela y en otros países americanos se emplea provocar como sinónimo de apetecer: «Me provoca dar un paseo», «¿Le provoca un café?».

Origen de la palabra "cipayo"

Los cipayos eran soldados nativos de la India, de los siglos XVIII y XIX, que sirvieron a los ocupantes franceses, portugueses y británicos, sucesivamente. Su nombre, que fue incluido en el diccionario académico de 1869, proviene del persa sipahi 'jinete', tomado en primer lugar por los portugueses, que lo asimilaron en el siglo XVIII como sipay y lo trasmitieron al francés, lengua en la que adoptó la forma cipaye. La palabra cipayo viene del persa sipah, que significaba 'ejército, tropa', y procedía, a su vez, de spada, en avéstico, una antigua lengua indoeuropea que se hablaba en la parte septentrional de Persia. 

Los cipayos acabaron rebelándose contra la política colonialista británica en 1857, en un levantamiento sangriento denominado Rebelión de los cipayos, que se prolongó durante dos años; pero no por eso su nombre dejó de pasar a la historia como sinónimo de 'entreguista' , por su condición de soldados nativos que reprimían a sus connacionales por orden del invasor extranjero. 

Por esa razón, en América Latina es bastante común que los partidos de izquierda usen esa palabra para referirse a las oligarquías nativas a las que acusan de favorecer los intereses de potencias extranjeras, sobre todo de los Estados Unidos de América. Por extensión, adquirió también el sentido de 'persona que trabaja contra los intereses de su país al servicio de un poder extranjero. El sentido de esta segunda acepción es mucho más preciso que el de 'secuaz a sueldo' que le atribuye el diccionario académico. El el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) permite saber que la izquierda vasca abertzale llama 'cipayos' a los funcionarios españoles al servicio de la Corona.

Origen de la palabra "acólito"

En el castellano de hoy, 'acólito' es el monaguillo o ayudante del sacerdote que celebra algún servicio religioso. La palabra nos llegó del latín medieval acolytus, derivada del griego akholoutos 'seguidor' o, más propiamente, 'el que sigue el mismo camino conmigo'. El vocablo griego se formó mediante el prefijo a- 'juntos' y keleuthos 'senda', 'camino'. En Grecia, los akholoutos constituían una clase privilegiada de esclavos que se desempeñaban como acompañantes de sus amos, adondequiera que estos fuesen.

Origen de la palabra "sumaca"

Es una embarcación de vela, de dos palos, apta para navegar en aguas poco profundas, empleada en América Latina, hasta los primeros años del siglo pasado, para navegación de cabotaje. 

Corominas le atribuye como origen el neerlandés smak, que es el nombre de una cierta clase de vela, probablemente proveniente del bajo alemán smakke. Los únicos ocho casos que figuran de este vocablo en el Corpus diacrónico del español (Corde) de la Academia Española corresponden a un mismo documento: la novela Brenda (1894), del escritor uruguayo Eduardo Acevedo Díaz. 

Sin embargo, es preciso considerar la posibilidad de que el vocablo haya llegado al español del Uruguay a través del portugués brasilero sumaca, puesto que en Brasil también fue usado este tipo de embarcación y el portugués fue, durante la primera mitad del siglo XX, tan hablado como el español en el territorio donde se asienta hoy el Uruguay.
Veamos aquí uno de los casos de la novela citada:
...la sumaca pasó por allí como una saeta, evitando el escollo de la punta del Buceo...
Curiosamente, el vocablo no figura en el Diccionario del español del Uruguay (DEU), recientemente publicado, tal vez debido a que se consideran uruguayismos palabras que no aparecen en el DRAE, aunque sean ampliamente usadas en toda América, como ocurre también con 'macartismo' o 'latrodectosis', entre otras.

"Forajido"

El DRAE da del adjetivo “forajido” la siguiente definición:  “Dicho de una persona: Delincuente que anda fuera de poblado, huyendo de la justicia (…)”. Esta definición es demasiado escueta e imprecisa; en ella se dice que se trata de  un delincuente que anda en despoblado, huyendo de la justicia,  pero no aclara si el “forajido” comete sus delitos también en despoblado, o en lugares poblados y luego huye a zonas  despobladas, seguramente al campo, donde se supone que es más fácil escapar de la justicia. ¿Equivaldrá “forajido” al clásico “asaltante de camino”?

No obstante tal imprecisión, otros diccionarios la repiten,  con ligeras variantes. El “Diccionario CLAVE”, por ejemplo, dice: “forajido. Referido a una persona, que comete delitos y vive fuera de los lugares poblados huyendo de la  justicia (…)”. En el “Diccionario de uso del español de América  y España VOX” leemos: “persona que vive fuera de la ley y  alejado de lugares poblados,  huyendo continuamente de la justicia (…)”. El “Diccionario del español actual” de M.  Seco, O. Andrés y G.  Ramos” repite en lo esencial  aquellas definiciones, aunque suprime que el malhechor  vive en despoblado: “Persona malhechora huida de la justicia. A veces usado como insulto (…)”. El “Diccionario Anaya de la lengua” también incurre en la misma imprecisión:  “Se aplica a la persona que vive al margen de la ley y alejado  de lugares poblados, huyendo continuamente de la justicia”.

Según estas definiciones “forajido” sería sinónimo de “fugitivo”, descrito como persona “Que anda huyendo y escondiéndose. (…)” (DRAE). Aunque la definición no lo dice, se sobreentiende que el “fugitivo” huye porque ha cometido un delito o falta, independientemente de que lo  haya hecho en lugar poblado o despoblado.

Ampliando semánticamente el vocablo, suele aplicarse “forajido” no sólo a personas, sino también a ciertas entidades públicas. Con alguna frecuencia se dice, por ejemplo, de un país determinado que es “un estado forajido”.

En Venezuela “forajido” tiene un uso más  amplio, pues aquí aplicamos este término a cualquier tipo de delincuente, sin tomar en cuenta si vive en despoblado para huir más fácilmente de la persecución policial

"Bellaco"

El DRAE define el adjetivo “bellaco” como “Malo, pícaro, ruin. (…) ||2. Astuto, sagaz (…)”. Igualmente registra que en México  “bellaco” es,  “Dicho de una caballería: difícil de gobernar”. Aunque el  DRAE  no lo diga, igual  significado  tiene también en Venezuela: “Tenga cuidado, que ese caballo  es muy bellaco”; “Le puedo prestar una mula, pero es muy  bellaca”.

El DRAE registra también el sustantivo “bellaquería” y el  verbo “bellaquear”.

El “Diccionario CLAVE” señala igualmente que “bellaco es,  referido a una persona o a su comportamiento, malo y despreciable en cualquier aspecto”.

El “Diccionario de uso del español de América y España VOX” amplía y precisa la definición: “(…) Que es malo moralmente y ruin; en  especial, que comete delitos: poca valentía demuestran los bellacos que, cual cazadores  furtivos, asesinan a ancianos por la espalda, tienden cebos  explosivos  junto a niños y rematan a las madres en presencia de sus  criaturas; mentir como un bellaco”.

El “Diccionario del español actual”, de M. Seco,  O. Andrés y G. Ramos agrega, a los significados ya vistos los de bribón y mentiroso o embustero, este  último referido especialmente a la frase frecuente “mentir como un bellaco”.

En el monumental “Diccionario de uso del español” de doña María Moliner se dice que “bellaco” equivale a “Astuto o taimado. Pícaro”.

Finalmente en el “Diccionario Anaya de la lengua” se dice que la palabra “bellaco” se refiere “a la persona que es despreciable  porque actúa con maldad y falta de honradez”, y da como sus  sinónimos a “bribón” y “malvado”. Registra, además, como  usual en Ecuador y Panamá el significado de “Valiente”. “Bribón", por su parte, es “haragán” y “pícaro” (DRAE). Pero es de advertir, como ya lo hice en un artículo reciente, que en  Venezuela el adjetivo “pícaro” no siempre es peyorativo, y frecuentemente lo usamos mas bien como una expresión de  gracia y simpatía para referirnos a las travesuras e ingeniosidades de ciertas personas.

Como se ve, todas estas definiciones son bastante  coincidentes. Y aunque ninguno lo da como tal, el uso de  “bellaco”, al menos en nuestro país, tiene un carácter coloquial o familiar.

“Bellaco” es palabra de origen incierto

Origen de la palabra "payaso"

Uno de los personajes tradicionales de la commedia italiana era una especie de bufón, vestido con ropas estrafalarias confeccionadas con la misma tela burda que se usaba para recubrir los colchones de paja. Por esa razón, se le llamó pagliaccio, palabra formada a partir del italiano paglia 'paja', derivado del latín paleae, palearum.
 
En francés, en la segunda mitad del siglo XVIII, se llamaba a este personaje paillasse, una antigua palabra que desde hacía cinco siglos significaba "bolsa de paja". 

En castellano, la palabra payaso aparece registrada en 1884, en un poema de Manuel Breton de los Herreros:
Otro con importunas contorsiones
Cual payaso en grotesca pantomima
Piensa mover del pueblo las pasiones.
Pero ya figuraba en el Diccionario de la Academia en su edición de 1817, como «el que en los volatines y fiestas semejantes hace el papel de gracioso, con ademanes, trages y gestos ridículos».