Los verbos ver y mirar tienen, por su etimología, tienen un contenido semántico
diferente. Es decir, no son sinónimos, por lo tanto, hay diferencias en
el uso. Mientras que ver viene del latín vidēre; mirar viene de mirāri,
admirarse.
El verbo ver, de acuerdo con la definición del DRAE (2001),
significa, en su primera acepción, ‘percibir por los ojos los objetos
mediante la acción de la luz’. En el Diccionario de uso de María Moliner
se leen las definiciones siguientes para ver: poseer el sentido de la
vista’ y ‘percibir algo por el sentido de la vista’.
Mirar, por el contrario, en el DRAE, aparece explicado con las
siguientes palabras: ‘fijar la vista en un objeto, aplicando juntamente
la atención’. En María Moliner, se lee: ‘aplicar a algo el sentido de la
vista, para verlo’.
En resumen, puede decirse que ver alude más a una determinada capacidad
física, y mirar, a cierto acto consciente y deliberado. Así, “vemos todo
lo que miramos, pero no miramos todo lo que vemos; basta tener los ojos
abiertos para ver, pero para mirar necesitamos ejercer, en alguna
medida, la voluntad”.
Este espacio es público y está creado con el fin de conocer más sobre el origen de las palabras, gramática y todas las cosas que enriquecen nuestro idioma.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Origen de la palabra "septiembre"
Septiembre viene de septem (siete en latín). Se llama así porque era el
séptimo mes del calendario romano hasta el año 153 a. de C., cuando el
inicio del año se trasladó de marzo a enero.
La forma tradicional en la escritura y en la pronunciación es setiembre (sin p). La forma latinizante septiembre la introduce la Academia en 1739 con la publicación del último volumen del Diccionario de Autoridades. Nos encontramos aquí ante un caso de influencia de la escritura en la pronunciación. Hoy las dos grafías se consideran correctas, aunque hay preferencia por la variante con p en la lengua culta.
La forma tradicional en la escritura y en la pronunciación es setiembre (sin p). La forma latinizante septiembre la introduce la Academia en 1739 con la publicación del último volumen del Diccionario de Autoridades. Nos encontramos aquí ante un caso de influencia de la escritura en la pronunciación. Hoy las dos grafías se consideran correctas, aunque hay preferencia por la variante con p en la lengua culta.
38 palabras que solemos escribir con tilde y no la llevan
Repasamos en esta breve lista algunas de las palabras que causan más dudas a la hora de escribirlas con tilde o sin ella.
Fue, dio, vio: no llevan tilde, ya que las normas de ortografía establecen que los monosílabos no se acentúan nunca gráficamente, salvo en los casos de tilde diacrítica.
Ti: suele acentuarse por analogía con otros pronombres como mí, tú o sí cuando son pronombres. Pero estas formas la llevan para diferenciarse del mi y el tu adjetivos posesivos y del si pronominal.
Esto, eso, aquello: en ocasiones se acentúan indebidamente por influencia de los pronombres masculinos y femeninos (este, esta; eso, esa; aquello, aquella).
Sola: no debe llevar tilde porque es una palabra de dos sílabas, llana y terminada en vocal, pero a la que le solemos colocar la tilde por analogía con el adverbio solo.
Imagen, examen, volumen, resumen, origen, joven, margen: no llevan tilde por ser palabras llanas terminadas en -n, aunque sus plurales sí la llevan (imágenes, exámenes, volúmenes, resúmenes, orígenes, jóvenes y márgenes), ya que las formas en plural pasan a ser esdrújulas.
Heroico, estoico: en estas palabras la secuencia oi es un diptongo, son por tanto palabras llanas, de tres sílabas y terminadas en vocal que no deben llevar tilde.
Hubierais, hubieseis, fuerais, fueseis: se escriben sin tilde porque son palabras llanas terminadas en -s. Se silabean así: hu-bie-rais, hu-bie-seis, fue-rais y fue-seis.
Acabose y ponme: las formas verbales que incluyen pronombres llevan tilde o no de acuerdo con las normas de acentuación ortográfica actuales (antes sí llevaba tilde acabóse). Como acabose y ponme son palabra llana terminada en vocal, lo apropiado es no poner la tilde.
Continuo: el adjetivo continuo se escribe sin tilde por ser palabra llana terminada en vocal. Sí llevan acento ortográfico las formas verbales de presente y pasado (yo) continúo y (ella) continuó.
Huir, rehuir: huir es palabra monosilábica, pues la secuencia ui siempre forma diptongo. Y rehuir es palabra aguda terminada en erre.
Construido, incluido, influido, gratuito, huida, hinduismo, altruismo: todas estas palabras son llanas terminadas en vocal: cons-trui-do, in-clui-do, in-flui-do, gra-tui-to, hui-da, hin-duis-mo, al-truis-mo.
Caracteres: en el plural de carácter se cambia el acento de la vocal a, a la e, por lo que ha de escribirse y pronunciarse caracteres, no carácteres.
Fue, dio, vio: no llevan tilde, ya que las normas de ortografía establecen que los monosílabos no se acentúan nunca gráficamente, salvo en los casos de tilde diacrítica.
Ti: suele acentuarse por analogía con otros pronombres como mí, tú o sí cuando son pronombres. Pero estas formas la llevan para diferenciarse del mi y el tu adjetivos posesivos y del si pronominal.
Esto, eso, aquello: en ocasiones se acentúan indebidamente por influencia de los pronombres masculinos y femeninos (este, esta; eso, esa; aquello, aquella).
Sola: no debe llevar tilde porque es una palabra de dos sílabas, llana y terminada en vocal, pero a la que le solemos colocar la tilde por analogía con el adverbio solo.
Imagen, examen, volumen, resumen, origen, joven, margen: no llevan tilde por ser palabras llanas terminadas en -n, aunque sus plurales sí la llevan (imágenes, exámenes, volúmenes, resúmenes, orígenes, jóvenes y márgenes), ya que las formas en plural pasan a ser esdrújulas.
Heroico, estoico: en estas palabras la secuencia oi es un diptongo, son por tanto palabras llanas, de tres sílabas y terminadas en vocal que no deben llevar tilde.
Hubierais, hubieseis, fuerais, fueseis: se escriben sin tilde porque son palabras llanas terminadas en -s. Se silabean así: hu-bie-rais, hu-bie-seis, fue-rais y fue-seis.
Acabose y ponme: las formas verbales que incluyen pronombres llevan tilde o no de acuerdo con las normas de acentuación ortográfica actuales (antes sí llevaba tilde acabóse). Como acabose y ponme son palabra llana terminada en vocal, lo apropiado es no poner la tilde.
Continuo: el adjetivo continuo se escribe sin tilde por ser palabra llana terminada en vocal. Sí llevan acento ortográfico las formas verbales de presente y pasado (yo) continúo y (ella) continuó.
Huir, rehuir: huir es palabra monosilábica, pues la secuencia ui siempre forma diptongo. Y rehuir es palabra aguda terminada en erre.
Construido, incluido, influido, gratuito, huida, hinduismo, altruismo: todas estas palabras son llanas terminadas en vocal: cons-trui-do, in-clui-do, in-flui-do, gra-tui-to, hui-da, hin-duis-mo, al-truis-mo.
Caracteres: en el plural de carácter se cambia el acento de la vocal a, a la e, por lo que ha de escribirse y pronunciarse caracteres, no carácteres.
jueves, 29 de agosto de 2013
Uso correcto de "ileso"
Se advierte del uso incorrecto del adjetivo ileso referido a personas
que han sufrido un accidente del que han salido con heridas leves.
El significado que da el DRAE del adjetivo ileso es: 'Que no ha recibido lesión o daño'.
Se indica que no debe confundirse, pues, el adjetivo ileso con sufrir heridas leves o de poca importancia o gravedad, porque cuando alguien resulta ileso en un accidente es porque no ha sufrido daño alguno.
El significado que da el DRAE del adjetivo ileso es: 'Que no ha recibido lesión o daño'.
Se indica que no debe confundirse, pues, el adjetivo ileso con sufrir heridas leves o de poca importancia o gravedad, porque cuando alguien resulta ileso en un accidente es porque no ha sufrido daño alguno.
Origen de la palabra "cultura"
El término cultura, que proviene del latín cultus, hace referencia al
cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del
hombre. Su definición ha ido mutando a lo largo de la historia: desde la
época del Iluminismo, la cultura ha sido asociada a la civilización y
al progreso.
En general, la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura.
Otra definición establece que la cultura es el conjunto de informaciones y habilidades que posee un individuo. Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones.
Según el enfoque analítico que se siga, la cultura puede ser clasificada y definida de diversas maneras. Por ejemplo, hay estudiosos que han dividido a la cultura en tópica (incluye una lista de categorías), histórica (la cultura como herencia social), mental (complejo de ideas y hábitos), estructural (símbolos pautados e interrelacionados) y simbólica (significados asignados en forma arbitraria que son compartidos por una sociedad).
La cultura también puede diferenciarse según su grado de desarrollo: primitiva (aquellas culturas con escaso desarrollo técnico y que no tienden a la innovación), civilizada (se actualiza mediante la producción de nuevos elementos), pre-alfabeta (no ha incorporado la escritura) y alfabeta (utiliza tanto el lengua escrito como el oral).
En general, la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura.
Otra definición establece que la cultura es el conjunto de informaciones y habilidades que posee un individuo. Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones.
Según el enfoque analítico que se siga, la cultura puede ser clasificada y definida de diversas maneras. Por ejemplo, hay estudiosos que han dividido a la cultura en tópica (incluye una lista de categorías), histórica (la cultura como herencia social), mental (complejo de ideas y hábitos), estructural (símbolos pautados e interrelacionados) y simbólica (significados asignados en forma arbitraria que son compartidos por una sociedad).
La cultura también puede diferenciarse según su grado de desarrollo: primitiva (aquellas culturas con escaso desarrollo técnico y que no tienden a la innovación), civilizada (se actualiza mediante la producción de nuevos elementos), pre-alfabeta (no ha incorporado la escritura) y alfabeta (utiliza tanto el lengua escrito como el oral).
martes, 27 de agosto de 2013
Concordancia
Se define la concordancia, en términos gramaticales, como la armonía o
correspondencia que debe existir entre determinados vocablos dentro de
la frase o la oración. Entre el sustantivo y el adjetivo, por ejemplo,
debe haber concordancia de género y de número. Es decir, cuando en
una frase u oración un adjetivo califica a un sustantivo, ambos deben
estar en el mismo género y en el mismo número.
Esta es la regla general básica de concordancia entre sustantivo y adjetivo: si el sustantivo es masculino, también lo será el adjetivo: “El galgo corredor”; “El cerro empinado”. Si el sustantivo es femenino, igual deberá serlo el adjetivo: “La liebre corredora”; “La cuesta empinada”. Si el sustantivo es singular, también lo será el adjetivo: “Un caballo brioso”; “Una casa abandonada”. Si el sustantivo es plural, el adjetivo deberá serlo también: “Unos caballos briosos”; “Unas casas abandonadas”.
Hay, sin embargo, sustantivos invariables en género, es decir, que no cambian morfológicamente para el masculino y el femenino, sino que se aplican del mismo modo en ambos géneros, mientras sí varía el adjetivo que los califica: “Un periodista bien preparado”, “Una periodista bien preparada”; “Un cantante prestigioso”, “Una cantante prestigiosa”.
Hay igualmente adjetivos invariables en género, por lo que se aplican de la misma manera cualquiera que sea el género del sustantivo: “Un abogado muy competente”, “Una abogada muy competente”; “Un edificio grande”, “Una casa grande”.
Desde luego, puede darse el caso de que un sustantivo invariable en género sea calificado por un adjetivo también invariable en género: “periodista competente”, “joven grande”. En estos casos para saber el género del sustantivo de que se trate hay que ponerle un adjetivo determinativo: “una periodista competente”, “un joven grande”.
En cuanto a la concordancia de número, ya vimos que la regla general es que el sustantivo y el adjetivo deben ir en el mismo número, singular o plural: “pueblo grande”, “pueblos grandes”; “bestia cerrera”, “bestias cerreras”.
Aunque son muy pocos, hay sustantivos invariables en número, es decir, que no cambian morfológicamente según estén en singular o en plural: “el déficit”, “los déficit”; “el superávit”, “los superávit”. El adjetivo que los califique irá en singular o en plural, según corresponda: “un déficit peligroso”, “los déficit frecuentes”.
Cuando un adjetivo califica a dos o más sustantivos del mismo género, el adjetivo va en plural y en el género de los sustantivos: “El cuaderno y el libro amarillos que están en la mesa”; “El saco, el chaleco y el pantalón traídos de la tintorería”.
Si en estos casos se pone el adjetivo en singular, se entiende que califica sólo al último sustantivo de la serie, lo cual es válido si en realidad fuese así, pero en caso contrario sería un error.
Si el adjetivo califica al mismo tiempo a dos o más sustantivos de distintos géneros, va en plural y en género masculino: “La chaqueta, la camisa y el pantalón amarillos” ; “La fiesta fue todo un éxito. La música, las bebidas y los pasapalos eran buenísimos”. En estos casos se recomienda poner de último un sustantivo masculino.
Esta es la regla general básica de concordancia entre sustantivo y adjetivo: si el sustantivo es masculino, también lo será el adjetivo: “El galgo corredor”; “El cerro empinado”. Si el sustantivo es femenino, igual deberá serlo el adjetivo: “La liebre corredora”; “La cuesta empinada”. Si el sustantivo es singular, también lo será el adjetivo: “Un caballo brioso”; “Una casa abandonada”. Si el sustantivo es plural, el adjetivo deberá serlo también: “Unos caballos briosos”; “Unas casas abandonadas”.
Hay, sin embargo, sustantivos invariables en género, es decir, que no cambian morfológicamente para el masculino y el femenino, sino que se aplican del mismo modo en ambos géneros, mientras sí varía el adjetivo que los califica: “Un periodista bien preparado”, “Una periodista bien preparada”; “Un cantante prestigioso”, “Una cantante prestigiosa”.
Hay igualmente adjetivos invariables en género, por lo que se aplican de la misma manera cualquiera que sea el género del sustantivo: “Un abogado muy competente”, “Una abogada muy competente”; “Un edificio grande”, “Una casa grande”.
Desde luego, puede darse el caso de que un sustantivo invariable en género sea calificado por un adjetivo también invariable en género: “periodista competente”, “joven grande”. En estos casos para saber el género del sustantivo de que se trate hay que ponerle un adjetivo determinativo: “una periodista competente”, “un joven grande”.
En cuanto a la concordancia de número, ya vimos que la regla general es que el sustantivo y el adjetivo deben ir en el mismo número, singular o plural: “pueblo grande”, “pueblos grandes”; “bestia cerrera”, “bestias cerreras”.
Aunque son muy pocos, hay sustantivos invariables en número, es decir, que no cambian morfológicamente según estén en singular o en plural: “el déficit”, “los déficit”; “el superávit”, “los superávit”. El adjetivo que los califique irá en singular o en plural, según corresponda: “un déficit peligroso”, “los déficit frecuentes”.
Cuando un adjetivo califica a dos o más sustantivos del mismo género, el adjetivo va en plural y en el género de los sustantivos: “El cuaderno y el libro amarillos que están en la mesa”; “El saco, el chaleco y el pantalón traídos de la tintorería”.
Si en estos casos se pone el adjetivo en singular, se entiende que califica sólo al último sustantivo de la serie, lo cual es válido si en realidad fuese así, pero en caso contrario sería un error.
Si el adjetivo califica al mismo tiempo a dos o más sustantivos de distintos géneros, va en plural y en género masculino: “La chaqueta, la camisa y el pantalón amarillos” ; “La fiesta fue todo un éxito. La música, las bebidas y los pasapalos eran buenísimos”. En estos casos se recomienda poner de último un sustantivo masculino.
Se trata de, sin sujeto
La construcción se trata de es impersonal y por tanto no debe emplearse con un sujeto.
Sin embargo, es frecuente leer y escuchar en los medios frases como «La víctima se trata de un varón de alrededor de 50 años» o «El delito se agrava si el responsable se trata de un funcionario público».
Como explica el Diccionario Peehispánico de Dudas, si aparece el sujeto lo adecuado es emplear el verbo ser, al que equivale esta expresión.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir «La víctima es un varón de alrededor de 50 años» y «El delito se agrava si el responsable es un funcionario público».
La forma se trata de habría sido adecuada en cambio en construcciones como «En el accidente se produjo una víctima mortal. Se trata de un varón de alrededor de 50 años» o «El delito se agrava si se trata de un funcionario público».
Sin embargo, es frecuente leer y escuchar en los medios frases como «La víctima se trata de un varón de alrededor de 50 años» o «El delito se agrava si el responsable se trata de un funcionario público».
Como explica el Diccionario Peehispánico de Dudas, si aparece el sujeto lo adecuado es emplear el verbo ser, al que equivale esta expresión.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir «La víctima es un varón de alrededor de 50 años» y «El delito se agrava si el responsable es un funcionario público».
La forma se trata de habría sido adecuada en cambio en construcciones como «En el accidente se produjo una víctima mortal. Se trata de un varón de alrededor de 50 años» o «El delito se agrava si se trata de un funcionario público».
Origen de la palabra "penacho"
Algunas aves exhiben en la parte superior de la cabeza un vistoso conjunto de
plumas, que en español se conoce como penacho. Por
extensión, se ha dado este nombre también a las plumas que
sobresalen del tocado de las mujeres o de los caballos engalanados para
solemnidades. También se llama penacho el arreglo de plumas que
llevan en la cabeza los indígenas americanos, que los mexicas
denominaban quetzalapanecáyotl.
La palabra llegó al español a mediados del siglo XVI, procedente del italiano pennacchio, que proviene, a su vez, del latín penna 'pluma'. En sentido figurado, se usa también para referirse a 'quien tiene comportamiento altanero o soberbio'. Un derivado es penachudo 'que tiene o lleva penacho'.
La palabra llegó al español a mediados del siglo XVI, procedente del italiano pennacchio, que proviene, a su vez, del latín penna 'pluma'. En sentido figurado, se usa también para referirse a 'quien tiene comportamiento altanero o soberbio'. Un derivado es penachudo 'que tiene o lleva penacho'.
Tip es un anglicismo innecesario
Se recomienda emplear palabras españolas como consejo, clave, dato, recomendación… en lugar del anglicismo tip, cuyo significado es ‘consejo o dato práctico’.
Así, frases como: «A continuación 10 tips para eliminar el acné», «En el curso proporcionará tips para mejorar la imagen personal» deberían haber sido «A continuación 10 consejos para eliminar el acné»,
«En el curso proporcionará claves para mejorar la imagen personal».
Así, frases como: «A continuación 10 tips para eliminar el acné», «En el curso proporcionará tips para mejorar la imagen personal» deberían haber sido «A continuación 10 consejos para eliminar el acné»,
«En el curso proporcionará claves para mejorar la imagen personal».
El verbo "aplicar"
Cada día es más frecuente el uso impropio del
verbo "aplicar". Muchos lo emplean como equivalente a "solicitar" o
"aspirar": "Voy a aplicar a una beca"; "Apliqué por un trabajo en la
Cantv". Este uso indebido, un verdadero disparate, es una copia servil
de una acepción del verbo "to apply" en Inglés, que efectivamente
significa eso. Pero en Castellano no es así, como veremos.
Últimamente hemos oído mucho por radio y TV, hasta saturarnos, una cuña publicitaria en la cual, después de anunciar el producto de que se trata, se termina diciendo: "Ciertas condiciones aplican". ¿Qué es lo que allí se quiere decir? ¡Nada! Es una frase idiota, condición que quizás haya que extender a quienes la escribieron, por muy "creativos" que sean o pretendan ser. Probablemente sea otro caso de mala traducción de una frase inglesa. En todo caso, las "condiciones" no "aplican".
El DRAE define el verbo "aplicar" de la siguiente manera: "Poner algo sobre otra cosa o en contacto de otra cosa. ||2. Emplear, administrar o poner en práctica un conocimiento, medida o principio, a fin de obtener un determinado efecto o rendimiento en alguien o algo. ||3. Referir a un caso particular lo que se ha dicho en general, o a un individuo lo que se ha dicho de otro. ||4. Atribuir o imputar a alguien algún hecho o dicho. ||5. Destinar, adjudicar, asignar. ||6. Der. Adjudicar bienes o efectos. ||7. prnl. Poner esmero, diligencia y cuidado en ejecutar algo, especialmente en estudiar".
Según estas diversas acepciones se puede construir numerosas frases con pleno sentido: "A la puerta le aplicaron varias capas de barniz"; "El médico aplicó muy bien sus conocimientos y logró salvarlo"; "Aplicaremos al caso no sólo las normas legales, sino también los principios generales del Derecho"; "Cuando nació, le aplicaron un nombre muy feo sacado del almanaque"; "Apliquemos una oración al descanso del alma de nuestro hermano"; "El producto de la subasta se aplicará preferentemente al pago de la deuda"; "Él últimamente se ha aplicado mucho a los estudios".
El verbo "aplicar" es transitivo, y por tanto generalmente se construye con un complemento directo (la cosa aplicada): "Le apliqué dos manos de pintura" ("dos manos de pintura" es el complemento directo, la cosa aplicada); "Al pobre le aplicaron un nombre muy feo" ("un nombre muy feo" es el complemento directo).
Cuando "aplicar" va en forma pronominal puede ser transitivo y llevar complemento directo: "Después se aplica una gasa sobre la herida"; pero también puede ser intransitivo y no llevar ese complemento: "Si no te aplicas en los estudios vas a fracasar".
Si la frase final de la cuña arriba citada fuese válida, tendría que llevar el verbo en forma pronominal: "Ciertas condiciones se aplican". Pero de todos modos carecería de sentido, aunque estaría bien construida.
Últimamente hemos oído mucho por radio y TV, hasta saturarnos, una cuña publicitaria en la cual, después de anunciar el producto de que se trata, se termina diciendo: "Ciertas condiciones aplican". ¿Qué es lo que allí se quiere decir? ¡Nada! Es una frase idiota, condición que quizás haya que extender a quienes la escribieron, por muy "creativos" que sean o pretendan ser. Probablemente sea otro caso de mala traducción de una frase inglesa. En todo caso, las "condiciones" no "aplican".
El DRAE define el verbo "aplicar" de la siguiente manera: "Poner algo sobre otra cosa o en contacto de otra cosa. ||2. Emplear, administrar o poner en práctica un conocimiento, medida o principio, a fin de obtener un determinado efecto o rendimiento en alguien o algo. ||3. Referir a un caso particular lo que se ha dicho en general, o a un individuo lo que se ha dicho de otro. ||4. Atribuir o imputar a alguien algún hecho o dicho. ||5. Destinar, adjudicar, asignar. ||6. Der. Adjudicar bienes o efectos. ||7. prnl. Poner esmero, diligencia y cuidado en ejecutar algo, especialmente en estudiar".
Según estas diversas acepciones se puede construir numerosas frases con pleno sentido: "A la puerta le aplicaron varias capas de barniz"; "El médico aplicó muy bien sus conocimientos y logró salvarlo"; "Aplicaremos al caso no sólo las normas legales, sino también los principios generales del Derecho"; "Cuando nació, le aplicaron un nombre muy feo sacado del almanaque"; "Apliquemos una oración al descanso del alma de nuestro hermano"; "El producto de la subasta se aplicará preferentemente al pago de la deuda"; "Él últimamente se ha aplicado mucho a los estudios".
El verbo "aplicar" es transitivo, y por tanto generalmente se construye con un complemento directo (la cosa aplicada): "Le apliqué dos manos de pintura" ("dos manos de pintura" es el complemento directo, la cosa aplicada); "Al pobre le aplicaron un nombre muy feo" ("un nombre muy feo" es el complemento directo).
Cuando "aplicar" va en forma pronominal puede ser transitivo y llevar complemento directo: "Después se aplica una gasa sobre la herida"; pero también puede ser intransitivo y no llevar ese complemento: "Si no te aplicas en los estudios vas a fracasar".
Si la frase final de la cuña arriba citada fuese válida, tendría que llevar el verbo en forma pronominal: "Ciertas condiciones se aplican". Pero de todos modos carecería de sentido, aunque estaría bien construida.
"Referirse a, no referirse sobre"
Se recuerda que el verbo referirse se construye con la preposición a y no con sobre.
Es común escuchar y leer en los medios de prensa frases como las siguientes: «Así lo avanzó el presidente de Ferrari, tras referirse sobre el futuro de la máxima categoría del automovilismo»; «Al referirse sobre el nuevo plan de negocios que se tiene para la aerolínea dijo que…».
Se recuerda que referirse se construye con la preposición a, tal como se indica en el Diccionario panhispánico de dudas.
Así, en los ejemplos anteriores lo correcto hubiera sido decir «Así lo avanzó el presidente de Ferrari, tras referirse al futuro de la máxima categoría del automovilismo»; «Al referirse al nuevo plan de negocios que se tiene para la aerolínea dijo que…».
Es común escuchar y leer en los medios de prensa frases como las siguientes: «Así lo avanzó el presidente de Ferrari, tras referirse sobre el futuro de la máxima categoría del automovilismo»; «Al referirse sobre el nuevo plan de negocios que se tiene para la aerolínea dijo que…».
Se recuerda que referirse se construye con la preposición a, tal como se indica en el Diccionario panhispánico de dudas.
Así, en los ejemplos anteriores lo correcto hubiera sido decir «Así lo avanzó el presidente de Ferrari, tras referirse al futuro de la máxima categoría del automovilismo»; «Al referirse al nuevo plan de negocios que se tiene para la aerolínea dijo que…».
El verbo "aperturar"
"Aperturar" es un infinitivo derivado del
sustantivo "apertura". Este, a su vez, deriva de su equivalente latino
"apertura", proveniente del verbo "aperire". "Apertura" entra del Latín
al Castellano, como una expresión culta, hacia 1800. Mucho antes,
desde el siglo XIII, se usaba sólo "abertura", que significa lo mismo,
por lo que el cultismo "apertura" en cierto modo entró al Castellano
como un intruso, que pretendía desplazar al castizo "abertura".
Afortunadamente ambos lograron coexistir, y el uso estableció entre ellos, aun siendo sinónimos, una cierta diferencia semántica. La intuición nos dice cuándo utilizar uno u otro.
¿Quién y porqué importó del Latín ese "apertura", que originalmente debió de parecer impertinente? Difícil saberlo.
"Aperturar" es un derivado perfecto y natural de "apertura", formado con estricto apego a las normas de derivación de nuestro idioma. Es, pues, una derivación legítima. Entonces, ¿por qué condenarlo? ¿Simplemente porque no nos guste? En materia de lenguaje las cosas no son tan simples. En el Diccionario panhispánico de dudas se dice de "aperturar" que "Su uso no está justificado y debe evitarse", lo cual es enteramente válido.
Sin embargo, su uso, a partir de la jerga bancaria, donde se comenzó a emplear, se ha ido extendiendo en forma arrolladora, y va a ser muy difícil, si no imposible, desarraigarlo. Sobre todo porque es uno de esos fenómenos lingüísticos –errores, rarezas, alteraciones del habla, incumplimiento de normas...– más propios de gente culta, de alto nivel escolar, que de gente inculta o ignorante, lo cual los hace prestigiosos e imitables.
Hay que tomar en cuenta también que "apertura" es un sustantivo irregular, pues lo regular y lógico hubiese sido que de "abrir" derivase "abrida" (como "partida" deriva de "partir", el verbo paradigmático de la tercera conjugación), o quizás "abridura", lo cual hubiese hecho prácticamente imposible la formación del infinitivo "aperturar". Pero al no haber sido así, la existencia del sustantivo "apertura" hacía de hecho inevitable y natural que se formase ese "aperturar" que a tanta gente mortifica.
En todo caso, ante hechos como ese, muestras del extraordinario dinamismo de la lengua, queda el recurso arriba mencionado: no usar aquellas palabras y demás expresiones que no nos gusten. En Castellano siempre hay muchas formas válidas de decir lo mismo.
Afortunadamente ambos lograron coexistir, y el uso estableció entre ellos, aun siendo sinónimos, una cierta diferencia semántica. La intuición nos dice cuándo utilizar uno u otro.
¿Quién y porqué importó del Latín ese "apertura", que originalmente debió de parecer impertinente? Difícil saberlo.
"Aperturar" es un derivado perfecto y natural de "apertura", formado con estricto apego a las normas de derivación de nuestro idioma. Es, pues, una derivación legítima. Entonces, ¿por qué condenarlo? ¿Simplemente porque no nos guste? En materia de lenguaje las cosas no son tan simples. En el Diccionario panhispánico de dudas se dice de "aperturar" que "Su uso no está justificado y debe evitarse", lo cual es enteramente válido.
Sin embargo, su uso, a partir de la jerga bancaria, donde se comenzó a emplear, se ha ido extendiendo en forma arrolladora, y va a ser muy difícil, si no imposible, desarraigarlo. Sobre todo porque es uno de esos fenómenos lingüísticos –errores, rarezas, alteraciones del habla, incumplimiento de normas...– más propios de gente culta, de alto nivel escolar, que de gente inculta o ignorante, lo cual los hace prestigiosos e imitables.
Hay que tomar en cuenta también que "apertura" es un sustantivo irregular, pues lo regular y lógico hubiese sido que de "abrir" derivase "abrida" (como "partida" deriva de "partir", el verbo paradigmático de la tercera conjugación), o quizás "abridura", lo cual hubiese hecho prácticamente imposible la formación del infinitivo "aperturar". Pero al no haber sido así, la existencia del sustantivo "apertura" hacía de hecho inevitable y natural que se formase ese "aperturar" que a tanta gente mortifica.
En todo caso, ante hechos como ese, muestras del extraordinario dinamismo de la lengua, queda el recurso arriba mencionado: no usar aquellas palabras y demás expresiones que no nos gusten. En Castellano siempre hay muchas formas válidas de decir lo mismo.
Origen de la palabra "vudú"
La palabra proviene del vocablo africano de Dahomey vodun, que significa
'espíritu'.
Se trata de una creencia religiosa que es mayoritaria en Haití, pero que también se practica en Cuba, en Trinidad, en Brasil y en algunos lugares del sudeste de Estados Unidos, sobre todo en Louisiana. El vudú es una creencia sincrética que combina elementos del catolicismo y de religiones tribales de áfrica. En el vudú se venera a un gran número de espíritus, llamados Ioa, que se pueden identificar con dioses africanos, con sus antepasados deificados o incluso con los santos católicos.
Los sacerdotes de esta religión, llamados houngan, y las sacerdotisas mambo actúan en la comunidad como consejeros, curanderos y protectores contra toda suerte de maleficios
Como este culto es poco conocido, su nombre suele evocar supuestos ritos diabólicos tribales en los que hechiceros clavaría agujas en muñecos para lograr que alguna víctima, tal vez a muchos kilómetros de distancia, sufriera dolores horribles, ataques cardíacos o enfermedades incurables. El vudú se asocia con frecuencia a Haití, dado que los sanguinarios dictadores François y Jean-Claude Duvalier solían practicar estos rituales para amedrentar a sus víctimas.
Se trata de una creencia religiosa que es mayoritaria en Haití, pero que también se practica en Cuba, en Trinidad, en Brasil y en algunos lugares del sudeste de Estados Unidos, sobre todo en Louisiana. El vudú es una creencia sincrética que combina elementos del catolicismo y de religiones tribales de áfrica. En el vudú se venera a un gran número de espíritus, llamados Ioa, que se pueden identificar con dioses africanos, con sus antepasados deificados o incluso con los santos católicos.
Los sacerdotes de esta religión, llamados houngan, y las sacerdotisas mambo actúan en la comunidad como consejeros, curanderos y protectores contra toda suerte de maleficios
Como este culto es poco conocido, su nombre suele evocar supuestos ritos diabólicos tribales en los que hechiceros clavaría agujas en muñecos para lograr que alguna víctima, tal vez a muchos kilómetros de distancia, sufriera dolores horribles, ataques cardíacos o enfermedades incurables. El vudú se asocia con frecuencia a Haití, dado que los sanguinarios dictadores François y Jean-Claude Duvalier solían practicar estos rituales para amedrentar a sus víctimas.
"Reanudar y reiniciar" no son sinónimos
El verbo reiniciar debe usarse para aludir al hecho de volver al principio de una actividad suspendida, mientras que el verbo reanudar es el adecuado para hablar de algo que vuelve a ponerse en marcha a partir del punto en el que se paró.
En la final del torneo de tenis de Wimbledon se suspendió el partido por causa de la lluvia; luego escampó y el partido se reanudó, no se reinició.
Los verbos reanudar y reiniciar no son sinónimos, aunque muchas veces los periodistas optan por este último sin tener en cuenta que para reiniciar algo es necesario volver al principio.
En situaciones como la de un partido de tenis u otra competición deportiva que sufre alguna interrupción, esta no se reinicia (no se vuelve a empezar), sino que se reanuda, es decir, que arranca desde el punto en el que se interrumpió, para llegar hasta el final.
En la final del torneo de tenis de Wimbledon se suspendió el partido por causa de la lluvia; luego escampó y el partido se reanudó, no se reinició.
Los verbos reanudar y reiniciar no son sinónimos, aunque muchas veces los periodistas optan por este último sin tener en cuenta que para reiniciar algo es necesario volver al principio.
En situaciones como la de un partido de tenis u otra competición deportiva que sufre alguna interrupción, esta no se reinicia (no se vuelve a empezar), sino que se reanuda, es decir, que arranca desde el punto en el que se interrumpió, para llegar hasta el final.
"Radical, extremista y violento" no son sinónimos
Se precisa que los términos radical, extremista y violento no son equivalentes, a pesar de que sus significados son similares.
El término radical designa a la 'persona que considera que su forma de actuar y sus ideas son las únicas correctas y desprecia las de los demás'; a su vez, extremista se refiere al 'partidario de unas ideas o actitudes extremas, especialmente en política' y violento es 'quien usa la fuerza física para dominar a otro o hacerle daño'.
A veces, estos términos se usan indistintamente, a causa de la cercanía de sus significados, pero conviene reconocer que cada una de estas palabras tiene connotaciones distintas.
En este sentido, hay que recordar como un individuo violento no tiene por qué ser extremista o radical, un radical tampoco utiliza necesariamente la violencia ni es obligatoriamente extremista, y un extremista puede ser o no radical y no tiene por qué ser violento.
En consecuencia, radical, extremista y violento no son sinónimos, pues el significado de cada uno de ellos tiene connotaciones diferentes.
El término radical designa a la 'persona que considera que su forma de actuar y sus ideas son las únicas correctas y desprecia las de los demás'; a su vez, extremista se refiere al 'partidario de unas ideas o actitudes extremas, especialmente en política' y violento es 'quien usa la fuerza física para dominar a otro o hacerle daño'.
A veces, estos términos se usan indistintamente, a causa de la cercanía de sus significados, pero conviene reconocer que cada una de estas palabras tiene connotaciones distintas.
En este sentido, hay que recordar como un individuo violento no tiene por qué ser extremista o radical, un radical tampoco utiliza necesariamente la violencia ni es obligatoriamente extremista, y un extremista puede ser o no radical y no tiene por qué ser violento.
En consecuencia, radical, extremista y violento no son sinónimos, pues el significado de cada uno de ellos tiene connotaciones diferentes.
Origen de la palabra "victoria"
Fue en la guerra donde los hombres conocieron, desde los albores de su
existencia, la satisfacción de la victoria y la pesadumbre y el dolor de
la derrota.
En tiempos recientes, las guerras se han tornado más mortíferas de lo que jamás se podría haber soñado en las peores pesadillas de otros tiempos, pero el hombre también halló –en los deportes, por ejemplo– formas más civilizadas de experimentar los sentimientos que acompañan victorias y derrotas. En realidad, las justas deportivas habían sido cultivadas por los griegos con sus Juegos Olímpicos, pero en el año 394 de nuestra era fueron suspendidos por el emperador católico romano Teodosio el Grande, que cuestionaba su carácter pagano. Solo en 1896 se disputarían, en Atenas, los primeros Juegos Olímpicos modernos. El fútbol no fue, inicialmente, una práctica olímpica, pero el deporte que llegó al siglo XXI convertido en pasión de multitudes ya se jugaba en algunos países de Europa y América Latina, donde se formaron los primeros clubes.
El verbo latino vincere 'vencer' dio lugar al apelativo victor 'vencedor'. Victor omnium gentium 'vencedor de todos los pueblos' era una expresión utilizada por Julio César, Cicerón y Virgilio. Más tarde, Cornelio Nepo y Horacio emplearían victoria, el femenino de victor, con el significado que esta palabra tiene actualmente en español, como sinónimo de triunfo.
Victoria designaba, además, a una diosa romana y se convirtió en nombre de mujer y de una ciudad de Cantabria, en el norte de España, hoy Santoña.
En tiempos recientes, las guerras se han tornado más mortíferas de lo que jamás se podría haber soñado en las peores pesadillas de otros tiempos, pero el hombre también halló –en los deportes, por ejemplo– formas más civilizadas de experimentar los sentimientos que acompañan victorias y derrotas. En realidad, las justas deportivas habían sido cultivadas por los griegos con sus Juegos Olímpicos, pero en el año 394 de nuestra era fueron suspendidos por el emperador católico romano Teodosio el Grande, que cuestionaba su carácter pagano. Solo en 1896 se disputarían, en Atenas, los primeros Juegos Olímpicos modernos. El fútbol no fue, inicialmente, una práctica olímpica, pero el deporte que llegó al siglo XXI convertido en pasión de multitudes ya se jugaba en algunos países de Europa y América Latina, donde se formaron los primeros clubes.
El verbo latino vincere 'vencer' dio lugar al apelativo victor 'vencedor'. Victor omnium gentium 'vencedor de todos los pueblos' era una expresión utilizada por Julio César, Cicerón y Virgilio. Más tarde, Cornelio Nepo y Horacio emplearían victoria, el femenino de victor, con el significado que esta palabra tiene actualmente en español, como sinónimo de triunfo.
Victoria designaba, además, a una diosa romana y se convirtió en nombre de mujer y de una ciudad de Cantabria, en el norte de España, hoy Santoña.
lunes, 26 de agosto de 2013
La doble negación
A mucha gente les preocupa lo que se conoce como
"doble negación".
Hay, en efecto, quienes piensan que frases como "Yo no
veo nada", "No vino nadie" o "No viene nunca" son "incorrectas", porque
de hecho son redundantes, ya que contienen una doble negación. En
consecuencia, dicen ellos, debería decirse "yo veo nada", "vino nadie" o
"viene nunca", que sería lo lógico.
Aparte de que estas últimas formas son antiestéticas y torpes al oído: la redundancia no es per se mala, ni mucho menos un error. Debe evitarse, por supuesto, cuando es innecesaria, cuando puede ser de mal gusto o incluso necia. Pero muchas veces puede ser recomendable, sobre todo cuando se trata de poner énfasis en lo que se dice, o cuando la repetición redundante pueda tener un valor poético.
En cuanto a la doble negación, las expresiones arriba señaladas, y que mucha gente rechaza por presumiblemente redundantes, tienen una explicación lógica y semántica en el origen etimológico de los vocablos "nada", "nadie" y "nunca".
"Nada" deriva del vocablo latino "nata", que significa "nacida" y es el femenino de "natus", frecuentemente usada en la locución latina "res nata" ("cosa nacida" o "cosa producida o existente"), de modo que cuando decimos "no veo nada" lo que queremos decir es "no veo cosa nacida", o "cosa existente". Ahí no hay, pues, redundancia ni doble negación.
El indefinido "nadie", por su parte, deriva del latino "nati", plural de "natus", que significa "nacido", frecuente en la expresión latina "homines nati", o sea, "hombres nacidos", o más generalmente "seres nacidos". En consecuencia, cuando decimos "no vino nadie" lo que decimos es que "no vino hombre nacido", o "ser nacido". Tampoco aquí, pues, hay redundancia ni doble negación.
En cuanto a "nunca", es palabra compuesta, derivada de la igualmente compuesta latina "nunquam", formada con las raíces "ne" ("no") y "umquam" ("alguna vez").
Por tanto, cuando decimos "ella no viene nunca" queremos decir "ella no viene ninguna vez".
Otras formas de doble negación parecidas, igualmente rechazadas por algunas personas, son, por ejemplo, "no veo ninguno" y "no lo hizo jamás". En ambos casos se trata también de una cuestión etimológica. El indefinido "ninguno" proviene de la expresión latina "nec uno", que equivale a "ni uno". "No veo ninguno" significa, pues, "No veo ni uno".
"Jamás", por su parte, es también palabra compuesta por los vocablos "ya más", que con el tiempo se fueron fundiendo fonéticamente hasta soldarse en una sola palabra.
De modo que cuando decimos "no lo hizo jamás", queremos decir "no lo hizo ya más", o sea, "no lo volvió a hacer".
En Castellano no sólo es posible la doble negación, sino que también puede ser triple o cuádruple: "No volveré a verte nunca jamás", "Ella no quiso nunca a nadie"; "Él no le hizo jamás nada malo a nadie".
Aparte de que estas últimas formas son antiestéticas y torpes al oído: la redundancia no es per se mala, ni mucho menos un error. Debe evitarse, por supuesto, cuando es innecesaria, cuando puede ser de mal gusto o incluso necia. Pero muchas veces puede ser recomendable, sobre todo cuando se trata de poner énfasis en lo que se dice, o cuando la repetición redundante pueda tener un valor poético.
En cuanto a la doble negación, las expresiones arriba señaladas, y que mucha gente rechaza por presumiblemente redundantes, tienen una explicación lógica y semántica en el origen etimológico de los vocablos "nada", "nadie" y "nunca".
"Nada" deriva del vocablo latino "nata", que significa "nacida" y es el femenino de "natus", frecuentemente usada en la locución latina "res nata" ("cosa nacida" o "cosa producida o existente"), de modo que cuando decimos "no veo nada" lo que queremos decir es "no veo cosa nacida", o "cosa existente". Ahí no hay, pues, redundancia ni doble negación.
El indefinido "nadie", por su parte, deriva del latino "nati", plural de "natus", que significa "nacido", frecuente en la expresión latina "homines nati", o sea, "hombres nacidos", o más generalmente "seres nacidos". En consecuencia, cuando decimos "no vino nadie" lo que decimos es que "no vino hombre nacido", o "ser nacido". Tampoco aquí, pues, hay redundancia ni doble negación.
En cuanto a "nunca", es palabra compuesta, derivada de la igualmente compuesta latina "nunquam", formada con las raíces "ne" ("no") y "umquam" ("alguna vez").
Por tanto, cuando decimos "ella no viene nunca" queremos decir "ella no viene ninguna vez".
Otras formas de doble negación parecidas, igualmente rechazadas por algunas personas, son, por ejemplo, "no veo ninguno" y "no lo hizo jamás". En ambos casos se trata también de una cuestión etimológica. El indefinido "ninguno" proviene de la expresión latina "nec uno", que equivale a "ni uno". "No veo ninguno" significa, pues, "No veo ni uno".
"Jamás", por su parte, es también palabra compuesta por los vocablos "ya más", que con el tiempo se fueron fundiendo fonéticamente hasta soldarse en una sola palabra.
De modo que cuando decimos "no lo hizo jamás", queremos decir "no lo hizo ya más", o sea, "no lo volvió a hacer".
En Castellano no sólo es posible la doble negación, sino que también puede ser triple o cuádruple: "No volveré a verte nunca jamás", "Ella no quiso nunca a nadie"; "Él no le hizo jamás nada malo a nadie".
La expresión "recuperarse favorablemente" es redundante
Decir que una persona se recupera favorablemente para indicar que mejora después de una enfermedad o accidente es redundante, pues la recuperación es en sí misma positiva.
Tal vez esta expresión sea un calco de evoluciona favorablemente, que sí es correcta pues la evolución puede ser positiva o negativa.
En una frase como «La mujer que resultó herida en la Parroquia se recupera favorablemente» bastaría con decir «La mujer que resultó herida [...] se recupera de sus heridas» o bien «La mujer que resultó herida en la parroquia evoluciona favorablemente».
Tal vez esta expresión sea un calco de evoluciona favorablemente, que sí es correcta pues la evolución puede ser positiva o negativa.
En una frase como «La mujer que resultó herida en la Parroquia se recupera favorablemente» bastaría con decir «La mujer que resultó herida [...] se recupera de sus heridas» o bien «La mujer que resultó herida en la parroquia evoluciona favorablemente».
Origen de la palabra "churrasco"
Carne asada a la plancha o a la parrilla, dice el diccionario de la Academia, que le atribuye a
churrasco un origen onomatopéyico. Aunque no lo aclara, tal vez la academia se refiera al
sonido que produce la grasa al gotear sobre el fuego.
Contrariando la etimología académica, Corominas afirma que churrasco se originó en una voz muy antigua, anterior a la presencia de los romanos en la Península Ibérica, que se mantiene viva en el vasco sukarra 'llamas de fuego', 'incendio', formada por su 'fuego' y karra 'llama'. Es probable que sukarra haya sobrevivido en la lengua prerromance que se formó hace más de un milenio al norte de la península, para dar lugar al dialecto castellano.
En 1495 aparecía en uno de los primeros diccionarios castellanos, el de Nebrija, el verbo "socarrar", que en andaluz y en leonés evolucionó a churrascar. Corominas cita también el chilenismo churrasca 'hojuela de masa frita' y el regionalismo rioplatense churrasquear 'hacer carne a las brasas'.
En Murcia y Almería se usa chuscarrar 'tostar ligeramente algo' y en Salamanca se llama churrusco a un 'pedazo de pan demasiado tostado'. En el Uruguay, por metátesis, se llama churrasco a un pedazo de carne apropiada para ser asada a las brasas, mientras que en la Argentina, hasta hace algún tiempo se llamaba coloquialmente churrasca a una mujer muy atractiva.
Contrariando la etimología académica, Corominas afirma que churrasco se originó en una voz muy antigua, anterior a la presencia de los romanos en la Península Ibérica, que se mantiene viva en el vasco sukarra 'llamas de fuego', 'incendio', formada por su 'fuego' y karra 'llama'. Es probable que sukarra haya sobrevivido en la lengua prerromance que se formó hace más de un milenio al norte de la península, para dar lugar al dialecto castellano.
En 1495 aparecía en uno de los primeros diccionarios castellanos, el de Nebrija, el verbo "socarrar", que en andaluz y en leonés evolucionó a churrascar. Corominas cita también el chilenismo churrasca 'hojuela de masa frita' y el regionalismo rioplatense churrasquear 'hacer carne a las brasas'.
En Murcia y Almería se usa chuscarrar 'tostar ligeramente algo' y en Salamanca se llama churrusco a un 'pedazo de pan demasiado tostado'. En el Uruguay, por metátesis, se llama churrasco a un pedazo de carne apropiada para ser asada a las brasas, mientras que en la Argentina, hasta hace algún tiempo se llamaba coloquialmente churrasca a una mujer muy atractiva.
Origen de la palabra "yanqui"
Este gentilicio surgió a mediados del siglo XVIII para
designar a los habitantes de la región estadounidense de
Nueva Inglaterra, donde abundaban en esa época los colonos
holandeses. Yankee proviene de Janke, un diminutivo
del nombre neerlandés Jan.
Aunque esta etimología está suficientemente establecida, hay quien afirma que yankee deriva de Jan Kaas (Juan Queso, en holandés), al considerar que así es como denominaban los colonos ingleses a sus colegas de origen holandés, ya que la elaboración de queso era una de sus habilidades más notorias. El etimólogo británico Eric Partridge afirma que tal etimología es falsa, pero lo cierto es que el apodo se extendió muy pronto a los pobladores de los estados del norte de los Estados Unidos. En la guerra de Secesión, que se libró en el siglo XIX, los confederados del sur llamaban yankees a los habitantes de todo el norte.
Fuera de los Estados Unidos, se ha hecho común el uso de yanqui para designar a cualquier ciudadano norteamericano debido, probablemente, a la falta de un gentilicio apropiado, puesto que estadounidense podría ser aplicado perfectamente a los mexicanos, y norteamericano, tanto a estos como a los canadienses.
El primer registro que se conoce en inglés de esta palabra es en la canción Yankee Doodle, escrita por un inglés para burlarse de los colonos nativos de los Estados Unidos. En la revolución de 1776, los soldados de George Washington hicieron, de la canción de desdén, un himno patriótico.
Aunque esta etimología está suficientemente establecida, hay quien afirma que yankee deriva de Jan Kaas (Juan Queso, en holandés), al considerar que así es como denominaban los colonos ingleses a sus colegas de origen holandés, ya que la elaboración de queso era una de sus habilidades más notorias. El etimólogo británico Eric Partridge afirma que tal etimología es falsa, pero lo cierto es que el apodo se extendió muy pronto a los pobladores de los estados del norte de los Estados Unidos. En la guerra de Secesión, que se libró en el siglo XIX, los confederados del sur llamaban yankees a los habitantes de todo el norte.
Fuera de los Estados Unidos, se ha hecho común el uso de yanqui para designar a cualquier ciudadano norteamericano debido, probablemente, a la falta de un gentilicio apropiado, puesto que estadounidense podría ser aplicado perfectamente a los mexicanos, y norteamericano, tanto a estos como a los canadienses.
El primer registro que se conoce en inglés de esta palabra es en la canción Yankee Doodle, escrita por un inglés para burlarse de los colonos nativos de los Estados Unidos. En la revolución de 1776, los soldados de George Washington hicieron, de la canción de desdén, un himno patriótico.
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